La singularidad del deseo
El verdadero impacto terapéutico del psicoanálisis no radica en ajustarnos a la norma, sino en algo mucho más radical: autorizarnos a ser quienes somos, con todas nuestras contradicciones y supuestas desviaciones. Vale la pena destacar que en el trayecto de un análisis, algunas se mantendrán y otras pasarán a un segundo plano.
En este gesto, el psicoanálisis no opera como un dispositivo de corrección, sino como un espacio donde el sujeto, en su singularidad, puede encontrar un lugar más allá de las exigencias normativas que muchas veces lo sofocan.
Esto nos obliga a preguntarnos: ¿qué es la norma, después de todo? ¿Es acaso un reflejo universal de la verdad del ser? La norma es, en realidad, una ficción construida por el discurso social y cultural, una narrativa que se erige sobre el tiempo y el espacio, pero que nunca permanece fija. Lo que se consideraba normal hace cien años hoy puede parecernos no solo extraño, sino incluso aberrante. Y, de manera inversa, aquello que hoy condenamos como desvío puede ser exaltado como norma en el futuro.
La experiencia analítica, lejos de alinearse con estas fluctuaciones del sentido común, nos invita a mirar más allá. No busca imponer un orden preestablecido ni ofrecer una guía moral sobre lo que está bien o mal. Su tarea es más compleja: ayudar al ser hablante y hablado, ese sujeto que es al mismo tiempo productor y producido por el lenguaje, a ubicar y soportar la autenticidad de su deseo. Esta autenticidad, sin embargo, no es una esencia pura ni una verdad originaria. Es más bien una construcción, un esfuerzo, por ubicar aquellos significantes que lo determinan y posicionarse de una mejor manera ante ellos.
Un psicoanálisis no elimina las contradicciones; las intensifica, las muestra en su dimensión más cruda. Porque ser auténtico no es ser coherente. La autenticidad no significa encontrar un lugar cómodo, sino habitar la incomodidad de un deseo que no pide permiso para ser, un deseo que, lejos de ajustarse a la norma, insiste y persiste, incluso cuando desafía las leyes del sentido común.
En este acto de autorización, el sujeto no solo encuentra alivio, sino la posibilidad de vivir más allá de las ficciones de la norma a través de lo singular. Y ese, quizá, sea el mayor impacto terapéutico que el psicoanálisis puede ofrecer.
Texto de Mario A. Ruiz Zapata